domingo, 15 de abril de 2012

Caos

Caos

Y la tierra estaba sin forma y vacía; y el espíritu de Dios se extendió sobre la superficie de las aguas”. (Génesis, cap. I.)


 Señalé al horizonte y me dirigí hacia él con mi embarcación. No se sabía lo que encontraríamos allí delante, pero queríamos seguir aquel camino que alguna vez nuestro dios había proclamado como suyo.
  Ya al quinto día del viaje, mi hijo me tomó de la mano; parecía asustado. Le pregunté sobre su pesar y él me respondió cálidamente:
  —Dios fue el Caos, padre.
  Su voz era distinta, poseída por un ser diferente. Sin embargo, nadie se estremeció, nadie creyó que aquel demonio fuese una criatura vil. Lo encontré con mis brazos a pesar de que no era mi hijo y le indiqué que el horizonte siempre fue el caos.
  —Los griegos lo llaman Χάος, ‘espacio que se abre’ o ‘hendidura’. —Mis palabras parecían formar parte de un discurso vacío. El ser que poseía a mi hijo no me hacía caso, pues sabía mucho más de lo que yo podría explicarle. De todas formas, proseguí: —Es el estado primigenio del cosmos infinito, de donde nace Gea, la tierra, y de ella Urano, el cielo; que no son sus hijos, sino sus consecuencias. Es por eso que, cuando llaman al Caos ‘abrirse una herida’ o ‘surgió el resquicio entre la tierra y el cielo’, quieren decir que él es el horizonte que los divide, horizonte que alguna vez Zeus hizo temblar.  
  Mi hijo me observaba y en sus ojos lo veía todo. Sentía que la tierra y el cielo eran lo mismo, que luego se dividían por el medio y se reduplicaba dicha separación al nacer como dioses, Urano a partir de Gea.
  —Urano fue castrado por Cronos. Eso provocó la hendidura —dijo el capitán del barco y se acercó. Se paró sobre la borda y miró hacia el horizonte como hipnotizado.
  —Todo inicio comienza con una castración —retrucó mi hijo y sacó un estilete. La daga era plateada, con inscripciones griegas que apenas podía leer.
  Lo miré sorprendido, pero no quise actuar. Me di cuenta de que era lo más normal del mundo.
  —Es lo más normal del mundo —le dije.
  —Es lo esencial del mundo —añadió y horadó con su daga mi virilidad. Dolió, pero el dolor se volvió placentero, pues correspondía al crecimiento de mi hijo, al nacimiento de Gea y Urano y a la existencia del Caos. Luego, levantó el órgano arrancado y lo tiró al mar.
  —Nacerá Nix, la noche y Érebo, la oscuridad… —dijo el capitán.
  —…y de ellos Éter y Hemera, que representarán el día y el cielo brillante —añadió el pequeño que no era mi hijo. Luego, ambos se arrodillaron y levantaron sus manos.
  —Hemos llegado al principio del fin, al Caos del propio Caos —dijeron al unísono y, de pronto, todos desaparecimos.


lunes, 9 de abril de 2012

Pegaso

Pegaso:

 El corcel alado

 Cuenta la leyenda griega que la sangre de la cabeza de la Gorgona Medusa, derramada por la espada de Teseo, dio a luz a un hermoso equino divino de un pálido color blanco, y que, del cuello de la misma, también dio a luz al guerrero conocido como Crisaor. En otras leyendas, se cuenta que tal criatura ostentaba un color negro, no blanco; pero lo que siempre se decía era que se distinguía de cualquier otro caballo, pues este tenía un par de alas que le permitían volar.  Se lo llamó en griego Πήγασος o en latín Pegasus, y se dijo de él y de su hermano, Crisaor, que eran hijos de Poseidón. 
    Con respecto a su nombre, Hesíodo, en su obra poética Teogonía, lo relaciona con la palabra "estanque": "Y a éste se lo llamó así porque nació cerca de las fuentes oceánicas". Sin embargo, es probable que su nombre provenga del término 'phiassas' que significa 'iluminación' o de 'Phissasas', nombre del dios del tiempo y del rayo.


 Sus enormes alas blanquecinas le permitían volar como las águilas, aunque parecía correr como cualquier otro corcel. Cuentan los poetas que de esa forma, al nacer, ascendió al Monte Olimpo; y allí, Zeus le dio el trabajo de transportar sus rayos y sus truenos. 


 Un día, Poseidón, al ver que el Monte Helicón crecía de manera desmesurada amenazando con llegar al cielo por la belleza que emitía el concurso de canto de las Musas y las Piérides, envió a Pegaso para golpear el casco de la montaña con su pesuña, obligándola a volver a su tamaño normal. Allí, donde Pegaso golpeó, nació la fuente de Hipocrene (significando  «La Fuente del Caballo»).


 Cuenta la leyenda que, un día, Pegaso bajó hacia la fuente Pirene y tomó de sus aguas. Allí, luego de dormir en el templo de Atenea por recomendación de Polieido y de recibir por parte de la diosa una brida de oro, el héroe Belerofonte capturó a Pegaso (con dicha brida) y lo amaestró. Luego, según los clásicos, Pegaso acompañó a Belerofonte en su lucha contra la horrible Quimera y contra los guerreros sólimos y las amazonas. Pero Belerofonte, embriagado por su ambición, llevó un día a Pegaso hacia el Olimpo. Allí, quiso tocar el poder y la inmortalidad de los dioses para volverse uno de ellos, pero Zeus, enojado con su arrogancia, envió a un tábano para picar a Pegaso debajo de su cola, provocando que éste se encabritara y lanzara a Belerofonte a la tierra.


 Desde la Edad Media hasta el Renacimiento, Pegaso fue un símbolo de sabiduría y fama, luego, se volvió la figura símbolo de la poesía y la fuente en la que los poetas se inspiraban, en especial en el siglo XIX.   

 A veces se piensa que Perseo ocupó la grupa de Pegaso al igual que lo hizo Belerofonte, pero se desdeña que dicha teoría sea real. Sin embargo, muchos pintores renacentistas aseguran haberlo visto y los dibujan juntos.
    Hesíodo dice: "Y Perseo, volando lejos de la tierra fecunda en rebaños, llegó hasta los Dioses. Y habita en las moradas de Zeus, y en sus lomos le lleva el trueno y el rayo".




La constelación de Pegaso
 Ptolomeo describió a la constelación de Pegaso, situada en el norte, como una de sus 48 constelaciones, con el nombre de Pegaso mítico.  

   Para más información sobre la constelación de Pegaso, espere a que el autor de este blog se ponga a estudiar del tema y haga la explicación un poco más comestible que la de Wikipedia.

Pegaso en la película Hércules

 Se cuenta también de Pegaso que fue creado por Zeus a partir de una nube como regalo de cumpleaños para hijo Hércules. La fuente de dicha leyenda es bastante incierta, pero las descripciones de dicho caballo en ella lo muestran como una criatura de una inteligencia por fuera de los cánones animales, con un poder de voluntad feroz, con una fidelidad que cualquier hombre envidiaría y con una memoria implacable, pues demostró reconocer a Heracles, nombre con el que también se conocer a Hércules, mucho tiempo después de haber sido separado de él.  De pequeño ya sabía volar, era blanco como las mismas nubes y tenía una crin celestina, como el cielo. Ayudó a Heracles a derrotar a varias criaturas, en especial a los Titanes que, liberados y liderados por Hades, quisieron reconquistar el Olimpo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Espartaco: Cap 1

Espartaco:
Cap 1: El esclavo heavy metal


En el horizonte de la Vía Láctea, antes de 73 a. C., con las fuerzas de los dioses y las constelaciones alineadas (de otra forma no hubiesen podido), los romanos capturaron a un tracio para convertirlo en esclavo.

La leyenda tiene sus vicisitudes confusas, y por lo que se tiene en claro, dicho tracio, nacido en el seno de la localidad de Sandanski, comenzó su aventura en las tropas auxiliares de Roma de las que desertó. Al no ser ya un ciudadano romano fue capturado y destinado a trabajos forzados en unas canteras de yeso. Espartaco, con su gran poder dado por los dioses de todas las mitologías habidas y por haber (se cree que pudo haber sido un kriptoniano), logró ser una gran mercancía para la escuela de gladiadores de Capua de Léntulo Batiato.

En el año 73 a. C., durante su permanencia en esta escuela, Espartaco ideó y llevó a cabo una rebelión a fin de escapar junto a varios compañeros...

Continuará...

miércoles, 27 de octubre de 2010

Adivinación

Adivinación


El oráculo venía a la ciudad una vez por año para predecir los acontecimientos que azorarían al pueblo. Su habilidad para predecir los hechos venideros a veces funcionaba sólo con sortilegios, y otras con exageradas actuaciones. Pero esta vez fue diferente.

Desde siempre dudé de aquella habilidad, ya que su generalización en las profecías era demasiado amplia, y siempre podía relacionarse algún hecho del año con ellas, sin importar cuál fuera aquel. Sin embargo, la gente de todos los rincones del mundo, demostró a lo largo de todas las épocas que su deseo de conocer su futuro es mucho más fuerte que su visión de lo real y lo presente. Y es así que este hombre pasa cada año diciendo que su habilidad es un don especial que le otorgó algún dios que sólo él parecería conocer o, lo que me parece aún más extraño, que es una herencia familiar de antaño.

Como él habían muchos; aerománticos, geománticos, hidrománticos o sacerdotes. Todos investidos con la misma habilidad, sólo que con diferentes métodos. ¿Y yo debía creerles?

Pero era así, aunque nos encontrábamos en la era de la tecnología, la libertad de creencias que protegían las legislaciones democráticas bastaban para que, en pueblos como en el que vivía, se llenase de un aire místico y completamente dogmático. Y fue gracias a eso que nos salvamos…

—Cicerón está errado al querer darle lugar a esos adivinos charlatanes. No existe tal división entre la adivinación natural y artificial. —Dijo el oráculo mientras se sentaba en el medio de la ciudad con su bastón y su extraña joroba.
“Todo adivinador es en un principio pasivo, como todo humano lo es para el lenguaje. El poder está en todos, sólo es necesario saber cómo encontrarlo. Por eso yo opino que uno puede estudiar la adivinación. La adivinación es conocer al mundo que te rodea una vez que uno se conoce demasiado a sí mismo”
Su rostro era calmo y alegre, y continuó su monólogo sin detenerse mientras la gente lo rodeaba.
“El adivinador, una vez que se conoce a sí mismo, se vuelve activo en el acto de adivinar.
Así como un chico puede volver activo su aprendizaje del lenguaje al escribir o leer, el adivinador puede aprender a observar mejor.”
Un niño se acercó con cuidado y lo miró con curiosidad y timidez.
—El señor San Tomás nos habló una vez de las adivinaciones demoníacas. ¿Es eso posible, Señor Oráculo? —preguntó nervioso y apurado.
El anciano lo miró con fraternidad y le contestó con modestas pero sombrías palabras:
—Invocar demonios es un arte muy antiguo, casi tan antiguo como la humanidad misma. Yo mismo practico ese estilo de adivinación, y en nada yo lo llamaría “demoníaco” —dijo el Oráculo y se echó a reír.
“A veces hablo con espíritus en sueños o bajo el poder de la nigromancia. A veces uno puede aprender de los signos y movimientos de los objetos de la naturaleza, como las aves y las estrellas. El objetivo de estos sueños es relacionarse con los dioses o los muertos a partir del gran poder que uno tiene dentro suyo. Sin embargo, no vengo a hablarles de eso."
El hombre se acomodó en el suelo y se rascó con sutileza la barba. Todos nos encontrábamos callados y expectantes por su nueva profecía.
“He tenido un sueño perturbador; el del fin del mundo.”

sábado, 2 de octubre de 2010

Leónidas I


Leónidas I:
"¡Tonight we dine in hell!"




El 17.º rey de Esparta, Leónidas I, ha muerto esta mañana alcanzado por una flecha enemiga.

La guerra se nos ha arrojado encima como un tsunami enviado por Poseidón, y este valeroso hombre decidió partir con un puñado de soldados a detener el avance de Jerjes I, el rey persa, pero consiguió la muerte por la flecha de uno de los arqueros medos del enemigo. Lamentablemente los espartanos que quedaban con él no pudieron rescatar el cuerpo y también fueron asesinados por el cruel rey persa, sin embargo, aquella valerosa batalla de cinco días da nuevas esperanzas a los griegos.

Leónidas nació un 11 de agosto del año 521 a. C. en la ciudad Homónima. Sucedió el trono de su hermanastro Cleómenes I y se casó con su hija; Gorgo.
Algunos lo recuerdan como un gran hombre de armas, estratega de corazón y maestro de las técnicas de combate cuerpo a cuerpo de la Edad de Bronce.

En la Primera Guerra Médica, en 480 a. C., nuestra república, Grecia, estaba amenazada por la invasión persa, en manos del tiránico Rey Jerjes I. Gracias a esto, Esparta y Atenas dejaron de lado sus rivalidades y unieron fuerzas para combatir la amenaza que nos hostigaba.
Los espartanos tuvieron el honor de luchar contra los persas por tierra, mientras que Atenas se encargó del mar. A pesar de todo esto, los éforos de Esparta enviaron a Leónidas al frente de tan sólo 300 hoplitas y 4.000 soldados aliados, para combatir ante 125.000 hombres.

Leónidas dijo en una conversación con sus soldados antes de partir: “Los éforos están corruptos de poder, y estoy casi seguro de que quieren derrocar mi gobierno por medio de esta batalla. Sin embargo, no vamos a encausarnos en una guerra contra los nuestros en tiempos tan vertiginosos, así que encarnizaremos esta lucha contra los persas e intentaremos cambiar esta realidad que nos amenaza, aunque sea con pocos hombres.”

A pesar del poco poder militar que los magistrados le otorgaron a Leónidas, éste apenas sentía miedo por su futuro, y esta seguridad fue compartida por sus soldados, que se mostraron siempre leales:

“Es verdaderamente frustrante que tengamos que marchar con tan pocos soldados. Sé que se acercan las fiestas Carneas y se prohíbe sacar tropas fuera de la ciudad en este tipo de celebraciones, pero creo que si no lo hacemos en este preciso instante la ciudad arderá en llamas”, dijo uno de los soldados mientras sostenía con fuerza el envaine de su espada y su mirada se perdía en el horizonte antes de partir.

A todo esto, hay una gran expectativa en toda Grecia, ya que, según ciertos rumores, una oráculo había vaticinado que todos los estados griegos, incluyendo Esparta, sólo podrían ser salvados con la muerte de uno de sus reyes, a lo que Leónidas habría respondido: “Yo soy ese rey”. Quizás -y esperemos que así sea-, con este hecho trágico la profecía se cumpla.

“Todavía recuerdo con humor el día en que el rey, al pedido de Jerjes I de que entregue sus armas, le contestó “Ven a buscarlas”. Todos reímos y nuestra confianza para la guerra se vio engrandecida por varias situaciones símiles. Siempre fue un hombre valiente y con ese carácter lacónico típico de los espartanos”, recuerda Hípalos, uno de los soldados que fue enviado de vuelta por el rey al tercer día del combate.

A pesar de todo, la guerra no ha acabado, y esperamos al menos un soldado relate con detalle lo ocurrido en el campo de batalla en esos cinco días de expectación desde que el rey partió.

Concluyendo: es de esperar que por estos días nos encontremos dolidos por la pérdida de Leónidas, pero no hay que bajar los brazos en esta gran batalla. Esperamos que el entierro sea algo especial, una gran conmemoración para un rey especial.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Monarquía Feudal

Monarquía Feudal:
La oligarquía del pasado y del presente

“Soy hijo de los dioses, así que me van a dar de comer sin que yo haga algo por ustedes” dijo el empresario rey mientras tomaba unos mates con su súbdito.

La idea de este post era definir “monarquía”, pero como la definición era demasiado para mi probre paciencia, decidí especificar un poco y hablar sólo del a monarquía feudal para mantenerlos desinformados y obtener el poder absoluto de la corona.

La monarquía feudal es un extraño invento del ser humano desarrollado en Plena Edad Media en la Europa Occidental, que se caracterizaba por la imposición de monarquías hereditarias (es decir que un monarca, usualmente el hijo, heredaba la monarquía anterior) repartidas en fuertes dinastías (gobernantes de una misma familia) en un reino determinado.

Se puede definir al rey feudal como “señor de señores” o como “Oligarca Vendepatria”. Su poder era pactado, y tenía vasallos que, al no estar sometidos a él, eran una suerte de socios que se defendían entre sí de los montoneros K.

La herencia
Menuda mierda. En las monarquías hereditarias, cuando un monarca muere o abdica, el trono es sucedido a la siguiente generación, escogida por orden de jerarquía. Cuando ese descendiente muera, el trono volverá a ser pasado a su descendencia, o, si no la hay, a un hermano, hermana, empresario, usurero u otro pariente. Las monarquías hereditarias tienen su sucesión definida por una línea de sucesión establecida legislativamente, por lo que es conocido de antemano quién será el siguiente monarca. Otras fuentes afirman que el rey era elegido por Dios, quien enviaba a un mensajero intergaláctico con forma de perro para dar las buenas noticias.

Hay dos tipos de sucesión por sexo: La agnática y la cognática.
La primera se refiere a sistemas donde las mujeres ni tienen permiso para suceder la corona ni para transmitir los derechos de sucesión a los descendientes varones (como Dios manda).
La segunda, un poco más hipócrita, se relaciona con sistemas de sucesión al trono u otras herencias que permite a varones y mujeres ser herederos por igual. Sin embargo, todos saben que una mujer no puede gobernar.

Luego nos encontramos con las monarquías electivas puede funcionar prácticamente como una monarquía hereditaria, por ejemplo, en caso de que la elección se haya reducido a miembros de una única familia. Resumiendo: el gordo podía elegir quién sería su heredero.

El poder
El monarca fracciona entre todos sus vasallos el poder político que él tiene, lo cual, históricamente hablando, genera desorden, inseguridad y enfrentamiento ente los nobles.

Luego aparece una consolidación en la posición dominante del rey por tres factores: la religión, el Derecho y la organización de la corona.
1) Se representa al gordinflón como un representante de Dios en la Tierra. Esta idea era sostenida por la Iglesia, la cual sermoneaba a los habitantes analfabetos con sus boludeces católicas.
2) El Derecho romano (el antecedente del derecho privado) indicaba que los reyes no obtenían el poder por elección, sino por herencia.
3) El rey da normas generales para el reino, a diferencia de la Edad Media, en la que se limitaba a conceder normas locales.
4) El poder real se organiza mediante una burocracia, un ejército cada vez más independiente, una administración de justicia suprema y una hacienda: es la administración real o de la corona. Se distinguen los poderes del reino y los reales.


Conclusión


Fue complicado encontrar la información que quería, pero bueno, hasta acá llegó mi amor a la monarquía feudal.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Guerrero

Guerrero
1: El hombre de honor

El hombre se detuvo frente a mí, con su mirada fría y enaltecida de su rango de General. Levantó su mano y tomó su espada con sutileza, desenvainándola.
—Es hora de cambiar la historia, —dijo y me otorgó el arma. —Todos los hombres fuimos entrenados para momentos como éste, en donde uno debe otorgar la vida por el pueblo entero.
Mantuve mi cuerpo erguido y mi pecho en alto mientras escuchaba sus sabias palabras.
—Somos guerreros, no deberías olvidarlo jamás. Y como tal, debemos involucrarnos en la guerra como si intentásemos recorrer el mismísimo infierno — concluyó y me otorgó un gran escudo de plata.
Lo miré con la frialdad de un soldado y afirmé con mi cabeza sin poder responder con la típica frase: "Si, señor". Sabía que se acercaba mi hora.

2: El hombre del mejor postor
El contrato exigía que me dirija a la frontera para la batalla final. La paga era buena, pero elriesgo era amenazador; me daba igual. No lo hago por honor, ni por fama; tampoco es mideseo defender al reino, pero un trabajo es un trabajo, y creo menester cumplir con él sin importar los riesgos.
A pesar de todo esto, sé que la guerra no es lo correcto, sé que algún método mejor debe existir, pero intento ocultar mi posición, ya que si yo flaqueo, mis mercenarios también lo harán y eso no podría perdonármelo. No quiero más sangre de mi gente repartida en el suelo del campo de batalla, pero tampoco quiero que mueran de hambre por mi pensamiento egoista. Lo único que puedo hacer es respirar profundamente y marchar con mi gente hacia la batalla. Siempre hacia adelante.

3: El campo de batalla
Se miran entre medio de los estruendos y la sangre que se esparce por el suelo pedregoso. El soldado y el mercenario se encuentran en el medio del campo de batalla y se miran con atención; y aunque el segundo sea un general, se da cuenta de que el soldado ansía vivir más que nada en el mundo, y por eso es un buen rival para él.
El mercenario levanta su arco dorado y apunta al hombre honorable que se encuentra en frente, mientras éste levanta su escudo de plata y arremete con fuerza contra el arquero para derrumbarlo y clavarle su espada.
Ambos caen en la batalla, con una flecha uno y una herida sangrante el otro; y se miran mientras un líquido rojo fluye por sus cuerpos y se desparrama por el piso. Ambos piensan: “Nada hay por hacer, somos guerreros”.